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Igualdad, Diversidad e Inclusión

Ser una empresa comprometida con la Igualdad, la Diversidad y la Inclusión tiene sus ventajas ya que se mejora la reputación de la compañía y su imagen de marca, haciéndola más atractiva a las personas trabajadoras y a la atracción de talento, a la clientela, y a proveedores e inversores.

Pero, además, disponer de un ambiente laboral abierto a la igualdad, diversidad e inclusivo es más motivador para los equipos de trabajo y se ha demostrado que aumenta la productividad y el rendimiento económico.

O sea, es una palanca de crecimiento y desarrollo.

Si nos convencen estos elementos positivos, además debemos aplicar los elementos normativos y regulatorios.

A partir del próximo 2 de marzo, las empresas están obligadas a dar un paso más en su compromiso con la Igualdad, Diversidad e Inclusión. En esa fec

ha, las empresas con más de 50 empleados/as, deberán contar con un protocolo LGTBI con el objetivo de garantizar la igualdad de las personas de este colectivo y evitar así la discriminación laboral.

El no cumplimiento de la Ley 4/2023, aprobada en marzo de 2023, puede ser objeto de inspección por la autoridad laboral.

Más allá de fomentar la inclusión laboral de las personas LGTBI, el protocolo deberá contemplar las medidas que aseguren que todas las personas de este cole

ctivo sean tratadas con su identidad de género y no sean discriminadas en su ámbito de trabajo permitiendo así una igualdad entre todas las personas trabajadoras, que haya una actuación por parte de la empresa y se tomen acciones de prevención y detección frente al acoso o violencia de las personas LGTBI.

La ley recomienda realizar formaciones a las personas trabajadoras en materia de diversidad de género, dando relevancia al respecto y prevención ante cualquier tipo de discriminación y/o acoso.

Esto implica la obligatoriedad en sensibilizar y concienciar a toda la plantilla en materias de diversidad, inclusión, igualdad y acoso para conseguir una mejor convivencia y entorno laboral.

Cuanto más igualitarios, diversos e inclusivos sean los lugares de trabajo, mayor confianza y compromiso obtendremos, internamente y 

de cara a la sociedad.

Desde Trivière Partners nos ponemos a vuestra disposición para acompañaros tanto en el ámbito normativo como en el ámbito de la formación, sensibilización y concienciación en Igualdad, Diversidad e Inclusión.

IGUALDAD DE OPORTUNIDADES, UN PRINCIPIO DE NO DISCRIMINACIÓN

El compromiso con la igualdad de oportunidades, es una filosofía de vida, una forma de identidad empresarial, de modelo social que se proyecta en las acciones que en el día a día mujeres y hombres realizan de forma simultánea o anónima para avanzar hacia una igualdad real y efectiva.

Estás acciones de hombres cómplices y mujeres concienciadas que se alinean específicamente hacia la mujer, es lo que se conoce como transversalidad de género o Mainstreaming.

La creencia en muchas ocasiones, de que estas políticas deben ser implementadas o desarrolladas solo por “entes superiores de la administración” o el todo poderoso estado del bienestar, o por la cúpula directiva de una empresa, rompe la visión de reconocimiento de la fuerza necesaria del conjunto de la sociedad, del capital humano de una organización haciéndola excluyente en nuestra interpretación y posicionándola en segundo orden.

En ocasiones, esta visión no facilita que mujeres y hombres nos reconozcamos en esa complicidad tan necesaria y tan dual en las cosas cotidianas con las que ambos sexos contribuimos a la transversalidad, o en aquellas cosas extraordinarias que suponen un cambio en la estructura social, cultural, educacional o empresarial.

En definitiva, se trata de reconocer la generosidad con la que mujeres y hombres con su filosofía y su identidad trabajan para que la igualdad de oportunidades sea un fin en sí misma y por tanto un principio de no discriminación.

Los planes de igualdad empresarial, contribuyen a hacer inclusivos los principios de la transversalidad de género, la labor de algunas familias en la educación igualitaria de sus criaturas, la validación individual de cada persona que reflexiona, siente y actúa hacia un principio activo y movilizador.

La fuerza de la ciudadanía con su cohesión identitaria para movilizar y cambiar estructuras discriminatorias, las administraciones , las políticas de partido, los poderes públicos, los lobbies de poder y el sistema educacional deberían consolidar la meta de establecer la transversalidad de género en un sistema integral y sistémico de toda la sociedad.

Esta integración sistémica, facilitaría la movilización de los recursos individuales y sociales con una mirada generosa y abierta para hacer frente a una realidad que aun discrimina, anula, y sigue generando situaciones de desigualdad.

Y aunque el tiempo en muchas situaciones no acompañe los avances frente a la discriminación, en la magnitud de nuestra generosidad, nos permite seguir aprendiendo y creciendo como personas comprometidas en una sociedad cada vez más implicada.

Miriam Mateos