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IGUALDAD DE OPORTUNIDADES, UN PRINCIPIO DE NO DISCRIMINACIÓN

El compromiso con la igualdad de oportunidades, es una filosofía de vida, una forma de identidad empresarial, de modelo social que se proyecta en las acciones que en el día a día mujeres y hombres realizan de forma simultánea o anónima para avanzar hacia una igualdad real y efectiva.

Estás acciones de hombres cómplices y mujeres concienciadas que se alinean específicamente hacia la mujer, es lo que se conoce como transversalidad de género o Mainstreaming.

La creencia en muchas ocasiones, de que estas políticas deben ser implementadas o desarrolladas solo por “entes superiores de la administración” o el todo poderoso estado del bienestar, o por la cúpula directiva de una empresa, rompe la visión de reconocimiento de la fuerza necesaria del conjunto de la sociedad, del capital humano de una organización haciéndola excluyente en nuestra interpretación y posicionándola en segundo orden.

En ocasiones, esta visión no facilita que mujeres y hombres nos reconozcamos en esa complicidad tan necesaria y tan dual en las cosas cotidianas con las que ambos sexos contribuimos a la transversalidad, o en aquellas cosas extraordinarias que suponen un cambio en la estructura social, cultural, educacional o empresarial.

En definitiva, se trata de reconocer la generosidad con la que mujeres y hombres con su filosofía y su identidad trabajan para que la igualdad de oportunidades sea un fin en sí misma y por tanto un principio de no discriminación.

Los planes de igualdad empresarial, contribuyen a hacer inclusivos los principios de la transversalidad de género, la labor de algunas familias en la educación igualitaria de sus criaturas, la validación individual de cada persona que reflexiona, siente y actúa hacia un principio activo y movilizador.

La fuerza de la ciudadanía con su cohesión identitaria para movilizar y cambiar estructuras discriminatorias, las administraciones , las políticas de partido, los poderes públicos, los lobbies de poder y el sistema educacional deberían consolidar la meta de establecer la transversalidad de género en un sistema integral y sistémico de toda la sociedad.

Esta integración sistémica, facilitaría la movilización de los recursos individuales y sociales con una mirada generosa y abierta para hacer frente a una realidad que aun discrimina, anula, y sigue generando situaciones de desigualdad.

Y aunque el tiempo en muchas situaciones no acompañe los avances frente a la discriminación, en la magnitud de nuestra generosidad, nos permite seguir aprendiendo y creciendo como personas comprometidas en una sociedad cada vez más implicada.

Miriam Mateos